ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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12/12/17

9/12/17

¿CUAL DE NOSOTROS DOS?












¿CUAL DE NOSOTROS DOS?




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Chevi Sr.

7/12/17

ESPAÑA A PESAR DE TODO

 












El que fuera mi General un tiempo en Cría Caballar, Frutos Heredero, me manda lo que sigue:






ESPAÑA A PESAR DE CIERTOS ESPAÑOLES

 DE ARTURO PÉREZ REVERTE :



¡Y ASÍ NOS VÁ!
Los americanos tienen El Álamo, Gettysburg,
Los franceses Alesia.
Los judíos, Masada.
Los griegos, el Paso de las Termopilas.
Los alemanes, los bosques de Teutoburgo.
Los ingleses, Trafalgar.
Los portugueses, Aljubarrota
Los rusos, Stalingrado.
Hasta los zulúes tienen algo... Insaldwana

Y los españoles, debido a los traidores por un lado y los cobardes por otro, no tenemos...

Las Navas de Tolosa, por insidiosa
La Batalla del Ebro, por fascista
Lepanto, por intolerante
Tenochtitlán, por genocida
Bailén, por retrógrado
Amberes, Breda, Northlinghen, por no herir sensibilidades
Villaviciosa, por no plural
¿Sigo?

Y un montón de ineptos, embusteros, interesados, desgraciados, chusma, incultos, maricomplejines,... traidores y cobardes (insisto) que han dirigido, dirigen y dirigirán las mentes... de los que se dejen, de esta gran nación que es España.

Cuando paso cerca de Despeñaperros (sitio donde se despeñaron miles de perros invasores e impositores de sus ideas (políticas, religiosas, filosóficas, ... ....), siempre salgo despotricando que no haya nada allí para conmemorar algo tan importante, tan épico, tan cristiano.

He estado en Normandía, y estuvimos cuatro días viendo museos, cementerios, edificios históricos de la batalla de Normandía, en Estados Unidos de cualquier escaramuza sin importancia hacen un centro histórico con museo incluido, y aquí tenemos el 800 aniversario de lo que considero la batalla más importante de la historia de Europa (osea del mundo) y no hacemos nada

....Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello,... mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle.

Ocurrió hace ocho siglos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El próximo 16 de julio se cumple el 803 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultra radical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros.

Tras proclamar la yihad -seguro que el término les suena- contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa -también esto les suena, imagino debilitada e indecisa.

Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda.

Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas -tropas populares, para entendernos- y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes -Alfonso IX de León se quedó en casa-.

Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comieran el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.

La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo -imagino que tendría otras cosas en la cabeza-, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda.

Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros -porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros-; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida.

Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VIII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano.

El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.

¿Imaginan la película?... ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos?.. Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, gobernado por políticos aún más imbéciles carentes de toda identidad... no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura, porque aquí no habría despelote ni mariconeo, sino gente real que por amar a su tierra luchaban a morir.

¡Ojo!  ¡Importante!

Tardamos 8 SIGLOS, o sea, ¡¡800 AÑOS!! en echarles de la península, nuestra tierra! Fue por nuestra desunión, porque España la formaban distintos reinos y no uno solo. Combatíamos entre nosotros  -como ahora con las 17 autonomías innecesarias- y no tuvimos un solo Rey, una sola nación, un único mando militar para expulsarles, de eso se aprovecharon durante ¡8 siglos! y ellos, los de la media luna sí que lo recuerdan, por eso se aprovechan, de nuestra actual desunión, para una segunda invasión silenciosa... bajo la permisividad de políticos de bajo perfil, acomplejados, miedosos de llamar las cosas por su nombre..., nada que ver con aquellos valerosos guerreros cristianos que combatieron y derramaron su sangre ¡para.... nada!

Ellos recuerdan nuestra desunión, la misma que tenemos ahora y que muchos políticos fomentan. Y ellos lo saben... y de paso, se frotan las manos, se ríen y se aprovechan para su segunda invasión...

Nosotros hemos olvidado la historia, pero ellos no.... mal asunto.

Durante mucho tiempo fui todo lo que pude... ahora soy todo lo que quiero.


Arturo Pérez Reverte.



Chevi sr.

4/12/17

LOS “SCHINDLER TURCOS” DEL GENOCIDIO ARMENIO


















UNA HISTORIA DESCONOCIDA QUE HABÍA QUE CONTAR


En el genocidio armenio fueron asesinadas, según las cifras aproximadas, 1,5 millones de personas

Muchos otomanos se jugaron y perdieron la vida para salvarlos

Tras más de un siglo del que se iniciase el primer gran genocidio del siglo XX, aún existen muchos puntos oscuros sobre la masacre que el Imperio Otomano perpetró contra el pueblo armenio. Sin embargo, además de las monstruosas masacres de las que fueron víctimas también hubo muchos otomanos que se jugaron la vida, incluso algunos la perdieron, para proteger a los armenios. El hijo de un superviviente del holocausto se ha documentado sobre estos "justos" y Roberto Casadei se ha hecho eco de su trabajo en La Nuova Bussola Quotidiana:

¿Quién mejor que el nieto de un armenio que sobrevivió a una masacre gracias a la ayuda de un vecino turco musulmán podría escribir acerca de los “justos otomanos” que  intentaron impedir el genocidio de los armenios en el año 1915 y sucesivos? Éste es, precisamente, el caso de Pietro Kuciukian, médico y cónsul honorario de Armenia en Milán, que ha escrito tres libros sobre el tema, el último de los cuales particularmente amplio y detallado: I disobbedienti. Viaggio tra i giusti ottomani del genocidio armenio (Los desobedientes. Un viaje entre los justos otomanos del genocidio armenio), presentado recientemente en la Casa de Armenia de la capital lombarda.


Libro sobre el genocidio armenio

Su abuelo Andon huyó de las masacres hamidianas de 1895-97, ordenadas por el Sultán Hamid II, prólogo del genocidio de 1915, escondiéndose con su familia en el sótano de su casa tapiada en Estambul, mientras su vecino musulmán alejaba a las bandas armadas que intentan penetrar en el edificio explicando que era una casa de su propiedad, momentáneamente deshabitada. El hijo de Andon, Ignadios, fue enviado a estudiar a Venecia en 1915, en vísperas del genocidio, por lo que pudo salvarse. Más tarde se convirtió en el padre de Pietro.


Pietro Kuciukian nació en Italia pero es hijo de un superviviente del genocidio armenio

La utilización de las masas

Kuciukian ha viajado a lo largo y a lo ancho de Turquía y Siria buscando huellas del genocidio y de los justos que intentaron impedirlo y, al cabo de unos años, ha vuelto a casa con un rico botín de noticias históricas, todas rigurosamente contrastadas. Amplias franjas de las poblaciones turcas, kurdas, chechenas y circasianas del Imperio Otomano participaron con entusiasmo en el genocidio de los armenios, atraídas sobre todo por las oportunidades de botín, pero también por motivos de tipo político y religioso. Los miembros del triunvirato que guió el Gobierno de los Jóvenes Turcos y que ideó el genocidio -Mehmed Talat Pachá, Ahmed Gemal e Ismail Enver- estaban animados por una ideología ultranacionalista. Talat fue también el primer Gran Maestro de la masonería turca. Utilizaron el sentimiento religioso islámico de las masas para presentar la eliminación de los armenios como un deber, apoyándose en la proclamación de la yihad que hizo el Sultán Mehmed V en noviembre de 1914.

No todos aceptaron esta justificación; de hecho, uno de los rasgos más sorprendentes de la resistencia otomana al genocidio fue la insistencia por parte de muchos (funcionarios del estado, exponentes religiosos, personas simples) en que el asesinato indiscriminado de armenios ofendía al verdadero islam y no podía llevarse a cabo con recta conciencia.

Un gobernador que se opuso a las deportaciones y matanzas

El libro está dedicado a Mehmet Celal Bey, el wali (gobernador) de Alepo y, después, de Konya, que se opuso a las deportaciones y se negó a ejecutar las órdenes. Celal escribió en los periódicos que "cuando estuvo en Alepo vio con sus ojos a musulmanes ayudar a los armenios deportados; muchos islámicos fueron a verle porque querían acoger a los exiliados en sus propiedades, añadiendo que muchos ulemas agradecieron su comportamiento humano hacia los armenios, porque la sharia exigía protegerlos". En Konya, la ciudad de los derviches, capital del islam sufí turco, la oposición al genocidio fue masiva. Allí "el clero islámico participó en la protección de los armenios locales y ayudó a los deportados que transitaban por la estación ferroviaria y en los campos de la periferia de la ciudad. (…) El mullah Oglu rezó en la gran mezquita para que se respetara la vida de sus conciudadanos cristianos e hizo llegar al Sultán su fatwa humanitaria" (acervo lingüístico del Derecho Islámico). Para llevar a cabo el genocidio, los Jóvenes Turcos obligaron a Celal Bey a dimitir y exiliaron a los jeques sufíes, incluido el mullah Oglu.



Mehmet Celal Bey, gobernador de Alepo, se opuso a las deportaciones y asesinato de los armenios

Fueron numerosos los funcionarios de la administración pública, los jefes de tribu kurdos, pero también los simples ciudadanos, que fueron ahorcados o asesinados por haber desobedecido las órdenes o, sencillamente, por haber obstaculizado las deportaciones. En Bayburt, en la provincia de Erzurum, "la población turca se había revelado a la orden de deportación de los armenios, por lo que el kaimakam (gobernador provincial) Mehmed Nusret Bey, afiliado al partido de los Jóvenes Turco y conocido por su ferocidad, hizo ajusticiar a tres turcos para dar ejemplo a la población rebelde y, de este modo, doblegar a través del uso del terror el espíritu antigubernamental de los habitantes de la región. (…) También en otras ocasiones, como demuestran distintas fuentes, los turcos que ayudaron a los armenios fueron juzgados traidores a la patria y asesinados: algunos fueron ahorcados delante de la puerta de su casa, que después fue incendiada".

Decapitado por proteger a los armenios

"Un jefe kurdo, Tahar Beg, quería salvar a los habitantes de Perkri, kurdos y armenios. El kaimakam y el jefe de la gendarmería le invitaron a comer y durante la comida le envenenaron por haber querido proteger a su gente". "Selim Aga era un jefe kurdo de una pequeña aldea de la provincia de Sassun, que le había comprado algunos armenios a un oficial turco, con el pretexto que necesitaba que esas familias trabajaran para él, salvándolas así de una muerte segura. La verdadera intención de Selim era salvar a los armenios y no utilizarlos como trabajadores, pero le descubrieron. Fue decapitado y su cabeza enviada a la ciudad de Mush para que sirviera de advertencia a otros jefes kurdos y evitar, así, que dieron asilo a familias y niños armenios".

Los "Schindler otomanos" que salvaron a los armenios haciéndolos pasar por sus trabajadores fueron bastantes y el libro los enumera uno a uno en las páginas finales: algunos actuaron por interés material, otros por antigua amistad o de manera totalmente desinteresada. Un cierto número de armenias se salvaron convirtiéndose en las segundas o terceras esposas de turcos y kurdos musulmanes, pero también hubo casos de falsos matrimonios, celebrados únicamente para proporcionar una cobertura legal a la acción de protección que se quería realizar. "Un armenio, Mihran Vartanyan, fue asesinado en su taller mientras trabajaba. Mihran era amigo del alcalde Ahmet Ali Agaoglu que fue inmediatamente al taller y se llevó a su casa a la mujer y a los hijos de su amigo. Más tarde se casó con ella e hizo que, junto a sus hijos, se convirtiera al islam para salvarles de una muerte segura. (…) El alcalde mantuvo a la familia Vartanyan durante años, protegiéndola y 'no se presentó ni un solo día en la habitación de la mujer con la que se había casado'. Cuando hubo el armisticio, Ahmet Ali Agaouglu envió a la mujer y a sus hijos a América; durante años estos escribieron y mandaron regalos al benefactor que había arriesgado su vida para salvarlos".


Genocidio armenio

Salvó a 6.000 armenios antes de ser asesinado

"El kaimakam Hüseyin Nesimî, de tradición sufí, osó proteger a los armenios de Lice, bajo la jurisdicción de Diyarbakir, salvando a unos seis mil. Se opuso a las masacres de la población armenia de lengua kurda y convenció a los musulmanes ancianos a contraer falsos matrimonios con jóvenes armenias para salvarlas". Hüseyin fue asesinado por Resid Bey, el fanático Gobernador de Diyarbakir, junto a otra media docena de funcionarios públicos turcos y kurdos de la zona que se oponían al exterminio.

          Observa Kuciukian: "El estado turco no ha honrado a Hüseyin Nesimî, sino a Resid, el Gobernador que lo asesinó. Los nacionalistas lo consideran un héroe y la República turca ha rendido honor a su memoria, proclamándolo 'mártir' de la patria. Transformar la deportación en masacre como hicieron los miembros laicos del Cup (el nombre oficial del partido de los Jóvenes Turcos) era contrario a los fundamentos religiosos del islam que Nesimî profesaba. En cambio, para los miembros laicos y progresistas del Cup el Estado y su conservación eran los valores supremos".

Otro musulmán hacia el que los armenios están agradecidos es Wahabit Vehbi: "Escondió decenas de armenios en su casa-castillo de Savur y en otros lugares de las cercanías. Era una persona culta que había estudiado en el extranjero. Sacaba a los deportados armenios de los convoyes, curaba a las mujeres heridas, escondía a los niños. Salvó también a familias asirias y controló que no se obligara a los cristianos a convertirse al islam. Le llamaban “el salvador”. En el momento de la ocupación rusa, Wahabit Vehbi fue salvado, a su vez, por un Soldado armenio del Ejército rojo. Sor Wareina escribe también que 'fue uno de esos musulmanes que prefieren las suras del Corán donde se habla de la compasión hacia los cristianos más que de la incitación salvaje a masacrar a los ghiavur, los infieles'".

 Lugares que deberían ser recordados por el mundo

Fayez el Ghossein, beduino de la tribu Shammar y funcionario reticente condenado al exilio interno, es el otomano musulmán que ha escrito el diario más detallado sobre el genocidio armenio. En sus páginas se lee: "El Gobierno otomano de los Jóvenes Turcos, que se proclama protector del islam y detiene el califato, no puede actuar de manera contraria a los preceptos de la sharia; al hacerlo, pierde el derecho a gobernar. Los musulmanes tienen que renegar de dicho Gobierno que pisotea el espíritu del Corán, mata a inocentes y no tiene miedo de ensuciarse las manos con la sangre y un crimen que no tiene igual en la historia. Islam es sinónimo de paz".


Fosa común de armenios asesinados en Der Ezzor y encontrada en la década de 1930

Centrado en las figuras de los "justos", el libro dedica también un espacio a noticias concretas relacionadas con el genocidio, que tuvo lugar en parte durante las deportaciones y, en parte, en lugares muy concretos, transformados en campos de muerte. Kuciukian ha visitado las localidades de Turquía y de Siria donde decenas de miles de armenios, que sobrevivieron a las marchas, fueron al final exterminados; localidades cuyos nombres deberían entrar en la memoria colectiva, como han entrado los de Auschwitz, Buchenwald, Mauthausen, Treblinka, etc. Kuciukian cita tres grandes masacres: "La de Ras-ul-Ain, donde fueron asesinadas 70.000 personas; la de Intili, donde murieron apiñados 50.000 hombres que trabajaban en el túnel de la ferrovia Berlín-Baghdad; la tercera, la más numerosa, la de Der Ezzor, en la que Zeky Bey eliminó aproximadamente a 200.000 armenios". En un capítulo anterior, dedicado a la provincia de Mardin, escribe que "en Suvar y Seddadiye fueron masacrados, entre 1915 y 1916, 195.750 armenios".

"No soy un hombre sin conciencia"

Al relato sucinto y austero del sufrimiento de dos millones de armenios, la mitad de los cuales fueron asesinados en esos días, se contrapone la profundización, allí donde es posible, de las figuras de los "justos" y sus motivaciones. Hilmi Bey, que fue prefecto en Mardin, después destituido y asesinado por los nacionalistas turcos cuando la guerra ya había acabado, respondió en un telegrama al terrible Resid Bey, que le ordenaba encarcelar a los notables armenios: "No soy un hombre sin conciencia, no tengo nada contra los cristianos de Mardin, no ejecutaré estas órdenes". Mustafa Aga Azizoglu, alcalde de Malatya, que escondía a los armenios que sacaba de los convoyes de la muerte en su propia casa, fue asesinado por uno de sus hijos poco después del final de la guerra. A quien le preguntaba por qué arriesgaba su vida para proteger a los armenios respondía, señalando su corazón: "Si nos planteamos esta pregunta, toda la verdad está escrita aquí".

Inevitablemente, vienen a la mente las palabras del n.16 de Gaudium et Spes: "En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. (…) Cosa que no puede afirmarse cuando el hombre se despreocupa de buscar la verdad y el bien y la conciencia se va progresivamente entenebreciendo por el hábito del pecado" (Gaudium et Spes, 16).

Los "justos" otomanos, como todas las personas no cristianas de recta conciencia de la historia, han demostrado con su vida la verdad de lo que el Catecismo de la Iglesia Católica enseña a propósito de la ley natural, una verdad que el aniquilamiento de las evidencias morales deseado por la cultura dominante contemporánea no podrá nunca borrar o hacer que sea anacrónica: "La ley natural, presente en el corazón de todo hombre y establecida por la razón, es universal en sus preceptos, y su autoridad se extiende a todos los hombres. Expresa la dignidad de la persona y determina la base de sus derechos y sus deberes fundamentales. (…) Esta ley no puede ser contradicha, ni derogada en parte, ni del todo" (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1956).



Francisco Javier de la Uz JIménez



1/12/17

RAMÓN Y CAJAL CONTRA “LA SUPERIORIDAD DEL CRÁNEO CATALÁN”




“Y vuelta la burra al trigo…” Aunque este problema ya se ve que viene de lejos.






El premio Nobel combatió las teorías pseudocientíficas que alimentaban el separatismo en Cataluña



Santiago Ramón y Cajal, con sus hijos Fe, Jorge, Paula y Santiago, en Barcelona, en 1889. UB

Era su primer día como Alcalde de Barcelona. El médico Bartolomé Robert se dirigía a pronunciar su primera conferencia pública, ante un Ateneo Barcelonés abarrotado y expectante. El título de su intervención era llamativo: “La raza catalana”. Corría el 14 de marzo de 1899. Rodeado de grandes dibujos de cráneos, Robert comenzó a exponer la “sólida prueba del índice cefálico de las distintas razas, siguiéndolas en su camino a través de España”, según relató al día siguiente el periódico La Vanguardia.

Ante un mapa de España coloreado, el médico proclamó que los habitantes de Valencia tenían el cráneo más oval, mientras que en Asturias y Galicia predominaba un cráneo redondo, similar al de los “primitivos habitantes” llegados a la península ibérica desde el norte de África. En Cataluña, sentenció Robert, el tipo dominante era un cráneo intermedio, “siendo notable bajo estos conceptos el que sea en Aragón, de España, donde aparece más distintamente marcada la diferencia antropológica a ambos lados de la frontera”, según la crónica. “Dejó el doctor Robert para otra conferencia el ocuparse de los caracteres diferentes de la raza catalana bajo el punto de vista mental”, culminaba el periodista.

Pero jamás llegó a producirse aquella segunda conferencia. La polémica de los cráneos se extendió enseguida por los estamentos intelectuales de España. El doctor Robert había sido compañero del neurocientífico Santiago Ramón y Cajal, profesor de la Facultad de Medicina de Barcelona durante cinco años. En sus memorias, tituladas Recuerdos de mi vida (1917), Ramón y Cajal todavía recordaba los “lazos de afecto sincero” que le ligaban a Robert: “Clínico eminente, luchador de palabra precisa e intencionada que, andando el tiempo, debía sorprendernos a todos dirigiendo el nacionalismo catalán y proclamando urbi et orbi, un poco a la ligera (no era antropólogo [...]), la tesis de la superioridad del cráneo catalán sobre el castellano”.

Con su habitual humor, el premio Nobel español señalaba que la opinión de Robert era “desinteresada, pues además de gozar de un cráneo exiguo, aunque bien amueblado, había nacido en Méjico y ostentaba un apellido francés”. Robert, efectivamente, había nacido en Tampico, hijo de una madre vasca y de un padre mexicano de origen catalán. Siete meses después de su polémica charla, el 12 de octubre de 1899, Robert presentó su dimisión, tras intentar luchar contra el caciquismo en Barcelona. Tres años después, murió.

Bartolomé Robert, alcalde de Barcelona en 1899. RANM

Ramón y Cajal fue durante toda su vida un enamorado de Cataluña y un látigo del separatismo. En su libro El mundo visto a los 80 años, publicado en 1934, pocos días después de su fallecimiento, lamentaba las tensiones independentistas que surgían entonces en algunos sectores de Euskadi y Cataluña. “A pesar de todo lo dicho, esperamos que en las regiones favorecidas por los Estatutos prevalezca el buen sentido, sin llegar a situaciones de violencia y a desmembraciones fatales para todos. Estamos convencidos de la sensatez catalana, aunque no se nos oculta que, en los pueblos envenenados sistemáticamente durante treinta y cuatro años por la pasión o fascinados por prejuicios seculares, son difíciles las actitudes ecuánimes y serenas”, reflexionaba.

Ramón y Cajal, un aragonés nacido en 1852, tenía un segundo hogar en Cataluña. Su padre había estudiado Medicina en Barcelona. Y allí mismo, entre 1887 y 1892, el neurocientífico llevó a cabo los principales descubrimientos —sobre las neuronas, las “mariposas del alma”— con los que ganó el premio Nobel. También en Barcelona nacieron varios de sus hijos y murió trágicamente, por una meningitis, su pequeña hija Enriqueta.

Unos años antes, en 1873, el joven Ramón y Cajal había cumplido el Servicio Militar obligatorio en Lleida, enfrentado a las Tropas Carlistas. “Durante estas andanzas militares tuve ocasión de conocer de cerca el carácter catalán. De las gentes que traté guardo grato e imborrable recuerdo”, rememora en Recuerdos de mi vida.

"En los pueblos envenenados sistemáticamente [...] son difíciles las actitudes ecuánimes y serenas", escribió Ramón y Cajal.

“En las casas donde se celebraban reuniones, y hasta en las familias más modestas, las señoritas tenían a gala hablar castellano, y se desvivían por hacer agradable nuestra estancia. Consideraban el catalán cual dialecto casero, adecuado no más a la expresión de los afectos y emociones del hogar”, asegura el neurocientífico. El sentimiento de “cariño a España” surgía “espontáneamente en todas las provincias catalanas”.

En sus textos, Ramón y Cajal sugiere que una parte de la ciudadanía catalana fue más tarde “envenenada” por caciques con mentiras pseudocientíficas. “El auge del catalanismo político también tuvo su reflejo en la tentativa de fundamentar la especificidad catalana en lo somático [un cuerpo humano diferente]”, confirma el libro Historia de la antropología en Cataluña, publicado en 1997 por el investigador Lluís Calvo.

La ignorancia fue el caldo de cultivo para el nacimiento de estas teorías, según Calvo, director de la Institución Milà i Fontanals del CSIC, en Barcelona. “El casi nulo desarrollo de las investigaciones de carácter antropobiológico en la Cataluña decimonónica, así como la escasa articulación de los trabajos en Prehistoria o en Arqueología, hicieron que, en ciertos círculos políticos catalanistas, se buscasen argumentaciones de carácter somático para justificar la referida especificidad”, argumenta en su libro.

Calvo también recuerda el caso del historiador José Pella y Forgas, que en sus Estudios de Etnología Catalana (1889) defendía la diferente conformación física de los catalanes. “Nuestra nacionalidad subsiste y no se confundió en la hegemonía castellana o francesa, porque tiene una base étnica propia y fundamental (revelada, entre otras cosas, por el cráneo sardo, el más numeroso en Cataluña y aún en Valencia y Mallorca)”, sostenía Pella y Forgas.

Algunos investigadores actuales quitan peso a esta componente racista del separatismo histórico. En su tesis sobre el doctor Robert, el historiador Santiago Izquierdo, de la Universidad de Barcelona, apunta que “en aquel momento el estudio de las razas humanas no tenía las connotaciones, sobre todo políticas, que tiene en la actualidad”. El propio Robert, subraya, aseguró en 1900 que él no hablaba de “cráneos privilegiados”, aunque seguía insistiendo en los diferentes índices cefálicos observables en las distintas regiones de España.




Las tesis del doctor Robert, en la publicación satírica 'Don Quijote', en 1901. BNE

"En realidad, el doctor Robert, en su conferencia, se limitó a hacer un estudio rigurosamente científico. Si en el nordeste de la península predomina un tipo craneano diferenciado, los catalanes no vamos a deformarnos el cráneo en aras de la unidad española”, escribió Antoni Rovira i Virgili, político de Esquerra Republicana de Catalunya, en su libro El nacionalismo catalán, de 1917.

“¿No se nos tolerará a nosotros que hablemos de raza catalana, y se celebrará mientras tanto en las tierras de lengua castellana esa reciente, artificial y envarada Fiesta de la Raza?”, se preguntaba en referencia a la recién instaurada celebración del 12 de octubre, en conmemoración del descubrimiento de América.

La discusión sobre “la raza catalana” parece un delirio propio de otro siglo, pero ha tenido ecos recientes. El historiador Oriol Junqueras, presidente de Esquerra Republicana de Catalunya hoy en prisión preventiva, comentaba en 2008 en el diario Avui un estudio científico sobre el mapa genético de Europa: “Hay tres Estados (¡sólo tres!), donde ha sido imposible agrupar a toda la población en un único grupo genético. En Italia, en Alemania [...] y en España, entre españoles y catalanes".

Junqueras veía una frontera genética que no aparecía en los datos. Lo que en realidad decía aquel estudio es que las diferencias genéticas eran mínimas en todo el continente e iban variando gradualmente con la distancia geográfica. Si se toman muestras de solo dos poblaciones, como se hizo en España, se aprecian esas mínimas diferencias. “Si hubiésemos analizado más, se vería el cambio gradual. No hay fronteras ni delimitaciones genéticas”, confirma uno de los autores del trabajo, el biólogo Jaume Bertranpetit, de la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona. “Europa es, genéticamente, muy aburrida”.

Un sobrino bisnieto del neurocientífico, también llamado Santiago Ramón y Cajal, es hoy un prestigioso patólogo en el Hospital Universitario Vall d'Hebron, en Barcelona. Y cree que allí, por razones políticas, "se ha ignorado" al hombre que ganó el premio Nobel gracias a sus investigaciones en un laboratorio barcelonés. “Aquí en Cataluña no se habla casi nunca de Ramón y Cajal. Y yo creo que es porque criticaba mucho el separatismo. Era muy antiindependentista”.

P.D.: Sin querer herir sensibilidades, la única raza catalana que conozco es la ASNAL.



Francisco Javier de la Uz Jiménez