ESE EJÉRCITO QUE VES.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás,
tratando de ser lo más,
y de parecer lo menos.
Poetas Muertos
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21/10/14

ASEDIO Y ASALTO AL CUARTEL DE SIMANCAS. GIJÓN













La Guerra Civil Española dio un protagonismo inesperado a este Cuartel, llegándose a convertir en uno de los mitos de ésta, comparándose a los asedios del Alcázar de Toledo, Santuario de Santa María de la Cabeza en Andújar (Jaén) y Cuartel de la Montaña de Madrid, aunque sin alcanzar las cotas de fama de éstos.

Este es uno de los episodios ejemplares de la historia en que muriendo se vence… Esto es Simancas, el “Todo por la Patria” de los cuarteles, ejemplo perpetuo de Soldados y modelo en que inspira su conducta una Oficialidad” 
FRANCISCO FRANCO

En julio de 1.936 la Guarnición militar de Gijón comprendía el Regimiento de Infantería de Montaña Simancas nº 40 (unos 350 Soldados) y al VIII Batallón de Ingenieros (con unos 180 miembros) que se encontraba en el Cuartel del Coto a unos cientos de metros de distancia.


Fachada Principal del antiguo Colegio de los Jesuitas, convertido en Cuartel del Regimiento Simancas

El 19 de julio de 1.936, la Guarnición de Oviedo dirigida por el General Antonio Aranda se unió al Alzamiento Nacional y en pocas horas se adueñó de la ciudad casi sin resistencia, tomando por sorpresa a las Autoridades republicanas, formando un emplazamiento defendido por 4.000 hombres. Previo acuerdo, en reunión con los mandos de las Fuerzas del Ejército, Guardia Civil y Guardia de Asalto, el Coronel Antonio Pinilla, Jefe del Regimiento en Gijón, sublevó el día 19 de julio a sus Tropas en favor del bando nacional pero a diferencia de lo ocurrido en Oviedo, en Gijón los sublevados apenas llegaban a unos 600 combatientes.


D. Salvador Moreno Fernández, Comandante del “Almirante Cervera”

    D. Antonio Aranda Mata, Comandante Militar de Asturias

   D. Antonio Pinilla Barceló, Jefe del Simancas y Comandante de Plaza

TRES JEFES, FIGURAS REPRESENTATIVAS DE LA HERÓICA DEFENSA, LOS CUALES, DURANTE EL SITIO, MANTUVIERON CONTACTO ENTRE SÍ, POR MEDIO DE IMPRESIONANTES E HISTÓRICOS MENSAJES


HAZAÑA DE LOS CUARTELES DE GIJÓN

Cuando el Coronel Pinilla declaró abiertamente el Estado de Guerra  en la mañana del 20 de julio y empezó a ocupar edificios públicos, se halló en gran inferioridad numérica ante las fuerzas leales a la República. En vista que las milicias de la UGT y CNT ya estaban armadas desde el día anterior y advertidas de una posible revuelta.

Numerosos Soldados del Simancas, viendo la abrumadora superioridad numérica de las milicias que impedía adueñarse de la ciudad optaron por rendirse o desertar el primer día del alzamiento.

Queda, organizada la defensa del Simancas, el cual es dividido en Sectores, y comienzan los ataques a este Cuartel. El Coronel Pinilla, en los primeros momentos instala el Puesto de Mando en las oficinas de la Comandancia Militar. Un servicio de teléfonos de campaña pone en contacto todos los Sectores entre sí, y a estos con el Mando. Se establece contacto con Zapadores, con la Cárcel, donde hay un puesto y con Santa Catalina.


Plano del Cuartel de Simancas dividido en Sectores

El Simancas domina la población. Su fusilería bate, a todo lo largo, las calles que afluyen al Cuartel, desde el corazón de la ciudad. En muchas trasversales, las milicias levantan parapetos que les preserven del fuego procedente del Cuartel.


Calle Cabrales.  Milicianos tras una barricada en los primeros días de lucha

Conscientes de que la ayuda tardará en llegar comienzan a realizar incursiones exitosas en las inmediaciones del Cuartel. Se consiguen víveres, medicamentos, tres vacas, una de ellas lechera. Con todo, los sitiados se vieron faltos de comida suficiente, sobre todo agua.

Esa noche, llega una comisión Casa del Pueblo, con Suboficiales desertores del Simancas. Piden la rendición del Fuerte de Santa Catalina. El Capitán Idelfonso Suárez, rinde el Destacamento, se ha unido a los marxistas. Y los revolucionarios se apoderan de gran número  de granadas, explosivos, bombas de mano y armamento. Además es un cerro desde el que se puede atacar a placer a los sitiados con fuego de cañón.


“LA GUERRA DEL AIRE Y LA AYUDA DEL MAR”

El día 27 de julio, se realizan en los patios del Simancas el enterramiento de los primeros caídos.

¡Al fin aparece la aviación! ¡La aviación nacional! Bate objetivos en la barriada del Llano, siembran el pánico entre los sitiadores; los aviadores vuelan sobre los Cuarteles de Zapadores y Simancas, dejando caer paquetes con víveres, medicamentos y tabaco. Los ataques parecen ser más débiles. Y aparece un avión rojo, un trimotor “Douglas” de pasajeros. Visita de reconocimiento por la mañana. Por la tarde, en la primera pasada, lanza bombas de mano sobre el Cuartel; en la segunda, sobre Zapadores. De ambos Cuarteles surgen cortinas de fuego de fusil y ametralladora. La mayoría de los proyectiles caen fuera de los objetivos. Al “Douglas” lo bautizan pintorescamente los Soldados. Es la avioneta.

            La avioneta, regresa y hace nuevas pasadas sobre los Cuarteles. Deja caer más bombas; pero esta vez la metralla siega varias vidas. Se llenan de heridos las enfermerías. El “Douglas” al pasar sobre el Coto de San Nicolás, en ese momento, del lado del mar, llegan dos formidables cañonazos. ¿Qué sucede? En aguas de Gijón, se le puede ver perfectamente, hay un buque de guerra, es el Crucero “Almirante Cervera”, perteneciente a la Flota del bando nacional.

        Efectivamente, el día 29 de julio, al Mando del Capitán de Fragata D. Salvador Moreno Fernández, el buque abría fuego frente a Gijón, mientras sus aparatos de radio entablaban con los Cuarteles un diálogo para la historia.


El Crucero “Almirante Cervera”

         A bordo del “Cervera” sólo se sabe que en los Cuarteles de Simancas y Zapadores, unos militares dignos resisten las acometidas de los dinamiteros de las minas. Ante Gijón, el buque recibe este mensaje: “Comandante militar de Gijón saluda en su nombre y Fuerzas de esta Guarnición a Comandante Crucero, Oficiales y Marinería del mismo. Ruego me diga si trae objetivos determinados y, caso contrario, se los iré dando uno a uno. Prevengámonos para escuchar al enemigo estación receptora”.

      Trae el “Cervera” hasta doscientas toneladas de víveres, y se les ofrece a los Cuarteles. ¿Pero cómo enviarlas? No reciben respuesta. Al fin, a media noche dice el proyector: “Jefe de Zapadores a Comandante “Cervera” –Por avería radio no pude contestar a su radio sobre desembarco víveres. Consultado el Comandante Militar, no urgen por el momento. Pido continúe mañana objetivos pendientes. Confidencialmente, no ha habido bajas población civil”.

        Malas jornadas para Zapadores. Su Jefe Valcárcel, está pendiente de la radio, que es la gran colaboradora en la defensa del Cuartel.

       Aun cuando el Acorazado “España”  y el Destructor “Velasco” relevan al Crucero “Almirante Cervera”, la Marina del bando nacional no puede auxiliar eficazmente a la cada vez más reducida guarnición del Simancas, carente de agua y comida.

“EL CUARTEL DE ZAPADORES”

        La mañana del domingo 16 de agosto, va transcurriendo sin otras incidencias que el acostumbrado silbido de balas de fusil sobre los Cuarteles, hasta que en el cielo se ve un avión enemigo que viene en busca de Zapadores, lanza siete bombas que caen dentro del edificio. No hay víctimas, pero si grandes daños.

  

Fachada del Cuartel de Zapadores



























Fachada del Cuartel de Zapadores, durante el asedio


         La artillería enemiga, vuelve a tronar. Abren una gran brecha en la fachada de Suárez Valdés, cerca de la principal, y la posterior, donde están las cuadras, queda abatida casi totalmente. 

       Sobre el Cuartel se ve avanzar, al ataque, Fuerzas de Asalto, y Carabineros, y muchos Soldados que habían ido evadiéndose durante el asedio. Entran por la brecha de Suárez Valdés; saltan entre escombros, lanzan bombas, y avanzan hasta tomar una parte del edificio, en la cual estaba la Compañía de Transmisiones y el Hogar del Soldado. Otro grupo marxista penetra por el boquete posterior que da al campo de instrucción y aplicando dinamita quedan abiertos nuevos desgarrones.

         El edificio parece que está ya en poder de los sitiadores. Jefes, Oficiales Clases y Soldados, sin perder sus puestos, atacan, llenos de bravura. Veían a los marxistas ya de frente, cara a cara, bien de cerca. Y sobre los patios, se tiende una cortina de fuego, y sus losas son regadas por un torrente de sangre. Así, varias horas.

No permanece impasible el Simancas, y defiende a sus hermanos de Zapadores. Durante el asalto, sus morteros arrasan los núcleos enemigos que circundan el Cuartel del Coto, con tal eficacia, que los boquetes abiertos en los muros quedan cegados por montones de cadáveres. Llegan, poco después, los Tenientes García Rendueles y Díaz Acebal, que han evacuado la Cárcel, fuertemente atacada por la artillería, y cuentan lo que sucede en Zapadores.

Ha caído la tarde, y la luz, dentro de Zapadores, es muy escasa; pero el combate sigue rabioso, encunadísimo. El Teniente Coronel Valcárcel, grita. ¡Hay que echar del Cuartel a estos canallas! ¡Voluntarios para atacar! Se adelantan los necesarios, y arremeten briosamente, a bayoneta calada y con bombas de mano. Los marxistas saltan de los puestos como marionetas, y el Cuartel queda totalmente limpio de enemigos.

























Cuartel de Zapadores del Coto, el 17 de agosto 1.936

Por orden del Tte. Coronel Jefe, forman las exiguas Fuerzas que quedan, y se dispone que recojan cuantas municiones y armamento les sea posible. El Tte. Coronel Valcárcel comprende que no va a ser posible mantener la resistencia; había que evitar caer prisioneros, salvando todos los efectivos que se pudiera, para ir al Simancas, y allí continuar la resistencia. Después de salir todos, se prende la mecha que hará volar el polvorín, y avanzan hacia el otro Cuartel, bajo el diluvio de balas, y protegidos por el Simancas. Durante la marcha se produce la explosión de dicho polvorín; horrible estruendo que aturde a los sitiadores, muchos vuelan, descuartizados. Parece que Gijón entero se resquebraja y se abre una conmoción inmensa. El enemigo se ha hecho dueño del Cuartel y de la Cárcel del Coto, cuando ya ni en uno ni en otro sitio hay Zapadores.

Son las once y media de la noche. A las puertas del Simancas, el Tte. Coronel Valcárcel, con  un brazo en cabestrillo, presencia la entrada de todos sus hombres. En el amanecer del 17 de agosto de 1.936, aparecen fuertemente enlazados en ideales y aspiraciones comunes, los hombres de los dos reductos batidos por el odio engendrado en Moscú y abortado en España.

“DISPARAD SOBRE NOSOTROS”

        Hemos llegado al histórico momento en que los hombres del Simancas cumplen su juramento, por su Dios, por su Patria, por su honor. Están ya bien seguros de su destino. Van a morir, pero se disponen a morir con bravura, cara a cara con el adversario que desde hace treinta y tres días los tiene sitiados. Destrucción, ; rendición, capitulación, ¡jamás! El día 21 de agosto de 1.936 queda levantado en Gijón uno de los más firmes y gloriosos pilares de la Guerra Civil.

         Al apuntar el día, se descubre que durante la noche, el enemigo emplazó un cañón del 105mm en “La Campona”, a unos 200 metros del Cuartel, pudiendo batir con él toda la fachada del Instituto. A las seis de la mañana se recibe orden de abrir fuego contra la pieza enemiga. Se hacen unos veinte disparos con blancos en el cañón, pero los efectos son de escasa consideración. Es necesario ir por el cierre del cañón -dice el Coronel Pinilla- ¡Se precisan voluntarios!

Se forma enseguida una Sección al mando de un Teniente Octavio Sosa, con un Sargento, siete Cabos y cinco Soldados. Para protegerla, se inicia un fuego violento de ametralladora, mortero y bombas de mano. El Teniente advierte: A mi señal con el pañuelo, debe cesar el fuego.

De las cercanías y de las casas contiguas a “La Campona” salen despavoridos centenares de milicianos. Avanzan Sosa y los suyos y cuando éste va a dar el salto definitivo para apoderarse del cierre de la pieza; se le ve sacar un pañuelo y al instante cae muerto de dos balazos. Sus Soldados al ver sucumbir a su Jefe, se desconciertan y empiezan a lanzar bombas de mano, iniciando su retirada hacia el Cuartel. Tres, lo consiguen; el Cabo Mora, es hecho prisionero; los demás quedan en la calle acribillados a balazos.

Al Cabo Mora, después de ser llevado ante el Comité de Guerra e interrogarle entre fusiles sobre los pormenores de la defensa del Cuartel, se le promete su licenciamiento; pero él contesta con energía: “Ni a mí me importa estar ya licenciado, ni a vosotros lo que ocurre en el Cuartel. Yo soy un amigo de España, y nada más”. Se le conduce a la Playa. El Cabo magnífico de heroísmo, mira a todos altivamente, grita ¡Arriba España!, y cae asesinado.

Entretanto, los sitiadores habían emprendido la ofensiva. Fue a las siete de la mañana. El fuego se hace desde el Patronato de San José y con cañones desde los alrededores, ¡hasta diez piezas! Desde las casas cercanas llega una lluvia de bombas de mano y cartuchos de dinamita. Los muros del Cuartel  se resquebrajan, se derrumban, y el polvo que levantan, con el humo de la pólvora, forma una inmensa nube. No se ven entre si los sitiados; no ven más que sus puestos, y en ellos siguen firmes. Donde la artillería abría un boquete, allí ponían los sitiados un saco terrero, para empezar a disparar. Desaparecía un Soldado herido, y automáticamente, era reemplazado por otro que se batía con más brío.

Sufre gravísimos contratiempos la artillería al caer una granada sobre el cañón situado en el primer piso del edificio, quedando muerto el Comandante Enrique Eyaralar, gravísimamente herido el Teniente Díaz Acebal y siendo baja varios sirvientes de aquella pieza. Ésta, una vez desarmada, se trasladada a la planta baja, se abre fuego, pero ya nada es eficaz, porque una granada prende fuego en la armadura del tejado, cerca del patio exterior.

Son las nueve de la mañana. Es el principio del fin. Las maderas viejas del cornisamento, los efectos inservibles depositados en los desvanes, incrementan el fuego. Las llamas toman proporciones gigantescas, atizadas por el nordeste fresco, y el incendio se generaliza. Se organiza como mejor se puede, la extinción, pero no hay extintores, ni a penas agua. Suben algunos, hacha en mano, trepando entre las paredes ruinosas y maderas incendiadas, y cuando ya están en lo alto, sucumben bajo el fuego enemigo, pues de fuera llega un infierno de fusilería y ametralladoras.


Vista de Gijón con el incendio del Cuartel de Simancas, convertido en una inmensa llama, el día 21 de agosto. Dentro, los héroes se defienden bravamente del fuego  y de las acometidas de los sitiadores


Siguen arriba en sus puestos el Capitán Herrera con sus hombres haciendo desesperados esfuerzos por cortar el fuego, pero tienen que bajar, por imperativo de las llamas. El edificio pierde capacidad defensiva, ya que desde los pisos superiores no se pueden batir las casas próximas, y al ser ocupadas por el enemigo, desde ellas, se lanzan bombas y dinamita al interior del Cuartel.

En el patio interior caen troncos incendiados y piedras chamuscadas. Siendo espantoso el fuego de la artillería enemiga, se procede a subir el cañón  que se había llevado a la planta baja, allí actuó hasta agotar las municiones, y como ya no es posible hacer uso de él, se acuerda su destrucción.

 En el sótano habilitado para enfermería y botiquín, parece que el fuego del edificio y la presión enemiga, convergen únicamente sobre él, abarrotado de hombres fuera de combate. Debido a que el humo cada vez es más denso, el ambiente irrespirable y se desploman tabiques incendiados, no pueden permanecer los heridos un momento más allí. Automáticamente, por medio de machetes y piquetas se abre una salida hacia una dependencia superior. Los heridos que aún pueden valerse, ayudan a los graves, suspendiéndoles con sábanas y cuerdas. En este trasiego de heridos, muere el Tte. Coronel Suarez, el Teniente Díaz Acebal y cae herido el Teniente Ángel Riva.

Reina la confusión debido al bombardeo constante de la artillería enemiga. Como ya no existen locales cerrados y próximos para alojarlos, a algunos se les lleva  a unas trincheras; pero allí caen las bombas de aviación, haciendo saltar los cuerpos humanos entre montones de tierra.




Se hunde parte de la coronación de la torre, con su viejo reloj. Alguien observa que el reloj señala las doce menos cinco. 









Patio interior, en esqueleto. La Torreta, las ruinas del pedestal de la Inmaculada y la palmera, cuyas hojas convertían en tabaco los defensores.






Los atacantes, con incontables bajas, esperan el momento de avanzar. ¡Los rojos han entrado en el Cuartel! ¡Pisan ya escombros! Corre la noticia fatal por todo el recinto. El Coronel Pinilla exclama: ¡Hasta morir!

En efecto, por el sector de las cocinas, los asaltantes tienen abierto un gran boquete y logran entrar hasta encararse con los defensores. Éstos, -¡hasta dar la última gota de sangre!, han jurado- les hacen frente y agigantándose, con un puñado de hombres, y como Soldados valientes, atacan y consiguen desalojar al enemigo, quedando el boquete casi cegado por los cadáveres de los asaltantes. 

En la puerta del patio exterior, ocurre algo semejante. La situación es ya desesperada. Los Jefes celebran nueva reunión, acordando hacer una salida. Comienzan los preparativos. Primero se inutiliza el material de guerra y las municiones, también se destruyen los cerrojos de los fusiles y otro armamento, porque las bajas son tantas, que ya no hay hombres para manejarlos. Se sacan las tiendas, se cargan los mulos y se reparten las municiones. Después hablan con los heridos ofreciéndoles quedarse allí, porque creen que serán respetados, pero éstos, deciden ir con el resto hasta donde puedan.

Intentan salir por la puerta del Instituto yendo los Jefes delante; pero desisten, porque este sector está siendo intensamente atacado. En el patio forman todos, los Zapadores y los de Simancas, con objeto de realizar la salida por la puerta del patio exterior. Son las cinco de la tarde. Los marxistas acercan sus altavoces para proponer: “Rendíos, que vuestras vidas serán respetadas”




























Milicianos durante el ataque final al Cuartel el 21 de agosto


Los Jefes, Oficiales, Clase y Soldados, en total, unos doscientos hombres que quedan de pie, responden a una: ¡¡Jamás!! Y subrayan con sus armas la decisión rotunda.

Por un hueco abierto en el muro  se filtran los milicianos, esta vez en tromba. Momentáneamente son contenidos, pero los rojos acosan más y más. Entonces, en un supremo esfuerzo, Alfredo Vega logra hacer funcionar de nuevo uno de los aparatos de las transmisiones, para comunicar con el Crucero “Almirante Cervera”, que se halla en la concha de Gijón, a la expectativa. El Coronel Pinilla conversa con sus compañeros, y enseguida ordena que se envíe un parte. Los caballeros del Simancas transmiten al buque este mensaje, el último que mandan a sus hermanos del mar, un mensaje espartano, lleno de impávida grandeza, como para asombrar al mundo entero:

“EL ENEMIGO ESTÁ DENTRO, DISPARAD SOBRE NOSOTROS”

En el Crucero, el despacho causa desconcierto. ¿Se trataba de otra estratagema roja? Responden:

“RECIBIDO DESPACHO; DÉNNOSLO CIFRADO”

Y Simancas, contesta:

“NO HAY TIEMPO DE CIFRAR”

       Ha cesado el bombardeo. Por los patios y galerías, los milicianos, verdes de odio y sedientos de sangre, se desparraman por el Cuartel. El Comandante Jareño, arengando a sus Soldados, cae bajo el plomo enemigo. El Capitán Daniel Herrera, queda muerto de un cañonazo junto a las cocinas.

De nuevo se pretende salir por la puerta del Instituto. Allí  caen para siempre, o quedan gravísimamente heridos, varios Oficiales. Ya en la calle, al tratar de abrirse paso con una pistola-ametralladora, da en tierra, con una herida mortal en el cuello, el Teniente gijonés Alfredo Vega Suárez, mientras que en el interior del Cuartel, individualizada la lucha, se entabla la batalla definitiva, culmen de la gloriosa resistencia. Los milicianos, al dar con las trincheras donde todavía hay heridos sacados del botiquín, con sus miembros desechos, se ensañan y los rematan. 



Estado en que quedó el Cuartel de Simancas después del asalto



























Fachada del Cuartel correspondiente a las cocinas

Los que logran salir del Cuartel, algunos se habían abierto camino, lanzando bombas de mano; son detenidos, vejados, escarnecidos, injuriados, heridos o no, van en camiones a presencia del Comité de Guerra. Son las mujeres del mono y el pistolón las que más se distinguen insultándoles en esta nueva vía de amargura. Muchos van a la Playa, para ser asesinados.

Entre los papeles encontrados por las turbas en el recinto, están las hojas del diario escrito por el Sargento de la Guardia Civil Mariano Boza Santamaría, la letra del pasodoble del Regimiento, la Orden del 17 de agosto, y en todos estos documentos aparecen manchas de sangre.

Anochece, en el cielo se ve el resplandor de las llamas del Simancas. Gijón llora otra vez lágrimas muy amargas. Noche tristísima la del 21 de agosto de 1.936.

Nada tiene que hacer aquí el Crucero “Almirante Cervera”, compañero asiduo de tantos días de resistencia y transmiten al Jefe de la Flota, que se retira para descanso dotación, y posteriormente se propone castigar al enemigo con bombardeo intenso Ayuntamiento y Santa Catalina. “Cuartel de Simancas al telegrafiar es un volcán”.

Cuando el Crucero se aleja, recibe la orden del Jefe de la Flota de ir a San Sebastián. El Comandante del buque Salvador Moreno cursa este radio:

Comandante “Cervera” a Comandante Militar Asturias. –Toda la dotación rinde emocionado tributo admiración gesta heroica Guarnición Gijón, digna continuación historia verdadera España, en la que Simancas, Zapadores, Coto aparecerán ante nuestras juventudes como dignos rivales de Sagunto y Numancia. ¡Viva España! ¡Gloria y honra al Ejército!

“LOS SUPERVIVIENTES”

El Teniente Ángel Riva, hermano del Teniente de Navío Juan Riva, fue uno de ellos, y narra cuanto ha podido ver en las posiciones en que actuó y la manera de cómo logró salvarse. Cuenta, que los rojos, irrumpieron en las cuadras convertidas en enfermerías, tenía puesta la guerrera de uniforme de Teniente de Navío que le había prestado su hermano antes de ser asesinado, y al pasar, desconcertados al ver un uniforme distinto de los demás, le preguntaron cuál era su empleo y les dijo: Soy Oficial de la Marina, Teniente de Navío. Nos comunicaron que nosotros pagaríamos las consecuencias de todo. Y continuaban su camino, pues aún quedaba alguna resistencia en el interior del Cuartel y allí no estaban muy tranquilos.

 Creyeron, que yo era un Sacerdote. “A ver, quítate el casco, que te veamos la coronilla”. Lo hice y discutieron entre si sobre si era Cura o no. Un anarquista, cuyo nombre averigüé más tarde, me dijo, tocándome las piernas: ¿Te puedes levantar?  Haciendo un esfuerzo me levanté. “Quítate la chaqueta, el casco y las medallas, pues te voy a salvar la vida”. Ya habían matado a Jefes, Oficiales y Brigadas, y los asaltantes preguntaban por los Sargentos. Los Soldados, baja la cabeza y desarmados, salían entre dos filas de milicianos. A continuación, salí entre el anarquista y el miliciano de Gijón, que llevaba al brazo mi guerrera. Por el camino me pidieron dinero, ya que el anarquista desconfiaba del de Gijón, decía que había que despistarlo. Luego me llevó a casa de un médico, que más tarde, en un coche del Comité, me llevó hasta Villaviciosa. Mi obsesión desde el primer momento, fue pasar a zona liberada; pero tardé en lograrlo.




























Tres supervivientes del Cuartel de Simancas


Otros supervivientes, fueron encarcelados en la Cárcel del Coto y posteriormente fusilados. Capitanes, Brigadas, Sargentos, Cabos y Soldados. Los cinco de Transmisiones que habían sostenido, desde el Cuartel, aquél diálogo histórico con el “Almirante Cervera”, todos estaban condenados a muerte y murieron a la vez, acribillados a balazos, sí acribillados, pues no se oyeron tiros de gracia. También en la Cárcel, coincidieron muchos Guardias Civiles de Gijón. Los rojos les tenían sentenciados. A medio centenar les asesinaron, con otros mártires en la Playa de La Franca (Linares).

Al Regimiento de Infantería de Montaña Simancas nº 40 se le concedió la Cruz Laureada Colectiva.


“HÉROES CAÍDOS”

Cuarenta y seis Jefes y Oficiales, entre ellos, el Coronel Antonio Pinilla Barceló Jefe del Simancas y el Teniente Coronel Luis Valcárcel López Jefe del Batallón de Ingenieros.

Veintinueve Brigadas, Sargentos y un Maestro Herrador.

Cuarenta y cinco Cabos y Soldados.

Un Teniente, dos Sargentos y seis miembros de la Guardia Civil.

No obstante las indagaciones reiteradamente realizadas, oficial y particularmente, se considera incompleta la relación de los caídos de los cuarteles de Simancas y Zapadores.



Colegio de los HH Jesuitas, antiguo Cuartel de Simancas en la actualidad, y a la derecha, Monumento a los fallecidos en el asedio al Cuartel, obra de Manuel Álvarez Laviada



El Cuartel de Zapadores del Coto en la actualidad




Francisco Javier de la Uz Jiménez



Fuentes consultadas:

¡Simancas! Epopeya de los cuarteles de Gijón (1.939), por Joaquín A. Bonet

Fotografías del libro ¡Simancas!

Fotografías de Internet             

                                 

1 comentario:

Jose Luis Fernández del Valle dijo...

Excelente narración. Mi abuelo, José del Valle, fue uno de los voluntarios que salió a destruir el 105mm. Tras morir el teniente (según decía mi abuela de un disparo en la frente) los supervivientes comenzaron a retirarse hacia el Simancas y mi abuelo recibió un disparo en la rodilla (según el informe médico una bala explosiva) quedando tirado en la calle desangrándose. Tras un buen rato en tierra de nadie le lanzaron una cuerda los republicanos y lo sacaron del tiroteo arrastrándolo. Una vez "rescatado" comenzaron a discutir acerca de si lo mataban y uno de ellos le salvó la vida enfrentándose a los demás. Aún así, le mantuvieron sin cura durante un par de días a la espera de que de Mieres (de donde era natural) llegaran informes sobre él. Cuando llegaron ya era tarde y su pierna estaba completamente gangrenada, por lo que se la acabaron amputando. Yo nunca le conocí, pero la historia del cañón me la contó mi abuela varias veces.
Para mi ha sido un placer reconocer su historia en el relato que ha escrito en su blog.

Gracias